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La cuesta de enero: cuando el año empieza cuesta arriba

Hola, amigos del microscópio

La cuesta de enero es el nombre que damos al periodo de dificultad económica (y a veces emocional) que muchas personas notan al empezar el año. No es magia ni mala suerte: es el resultado de un desajuste temporal entre lo que gastamos en diciembre y cómo se reparte nuestro presupuesto en enero.

La cuesta de enero no empieza el día 1. Empieza cuando vuelves al trabajo.

En mi caso, empieza cuando hago la maleta, me despido de mi familia en Málaga y vuelvo a Sevilla. Se terminan las comidas largas, los horarios sin reloj y el “ya lo vemos mañana”. Vuelve el despertador, la rutina y esa sensación extraña de estar retomando una vida que, durante unos días, parecía en pausa.

Y lo curioso es que todavía no he mirado la cuenta del banco… pero ya estoy cansada.

Ahí empieza la famosa cuesta de enero. Y no, no es solo una cuestión de dinero.

✘ Enero y el cansancio que no sabes explicar

Muchas veces hablamos de la cuesta de enero como si fuera únicamente un problema económico, pero el cuerpo y la cabeza llegan a este mes con bastante trabajo acumulado.

Venimos de semanas con más estímulos, más vida social, más flexibilidad y más recompensas inmediatas. Diciembre es intenso, pero también agradable. El problema llega cuando todo eso desaparece de golpe.

En enero no solo volvemos a la rutina: volvemos a decidir, a organizarnos, a rendir, a estar agobiados y a cumplir horarios.

Y eso tiene un coste emocional; pero, no todo es malo. Hay una parte de nuevos comienzos, muy motivador, que puede ser el impuslo que nos hace falta para empezar nuevos proyectos o establecer objetivos cortos y largos e ir a por ellos.

✘ La ciencia detrás del desánimo de enero

Desde el punto de vista científico, lo que ocurre en enero es un reajuste. Pasamos de un entorno muy estimulante a uno mucho más predecible y exigente. Nuestro cerebro necesita energía para:

adaptarse a los horarios, asumir nuevas responsabilidades, gestionar tareas pendientes, tomar decisiones constantes.

A esto se le llama carga cognitiva. No es pereza ni falta de motivación. Es cansancio mental.

Si además sumamos menos horas de luz, frío y menos margen para improvisar, el resultado es un bajón generalizado que muchas personas sienten sin saber muy bien por qué.

✘ Cuando el dinero pesa más porque ya estás cansada

Y entonces, en algún momento, miras la cuenta.

Enero llega con gastos fijos intactos, pagos acumulados de diciembre y poco margen para maniobrar. Pero lo que más pesa no es solo la cifra, sino la sensación de pérdida de control.

En diciembre solemos priorizar la recompensa inmediata: celebrar, regalar, compartir. Nuestro cerebro está programado para eso. El problema es que las consecuencias llegan después, cuando la energía mental ya está bajo mínimos.

✘ Mirarlo con mentalidad científica (y no con culpa)

Enero no se arregla a lo bestia. Uno de los errores más comunes de este mes es querer solucionarlo todo de golpe: ahorrar al máximo, restringirse en exceso, hacerlo “perfecto”.

Eso no funciona. Ni en ciencia ni en la vida real.

Los sistemas se estabilizan con pequeños ajustes, no con cambios extremos. Un poco más de planificación, menos impulsividad y decisiones conscientes que devuelvan sensación de control. Igualmente tener la mejor aptitud, ya que es un mes más como otro cualquiera y es algo que nos "imponemos" como que tiene que ser así y nosotros somos dueños de cambiarlo.

Lo dicho : no hay que vivir en modo restricción, sino para recuperar margen. Económico y mental tienen que tener un equilibrio

Lo que pasa que la cuesta de enero no desaparece de un día para otro. Se nota poco a poco: cuando dejas de sobresaltarte con los cargos, cuando tu semana está más clara, cuando el cansancio baja y vuelves a sentir que llevas el timón.

Eso también es ciencia: observar cambios en el sistema.

Imagen con calendario de eneroIMAGEN CREADA POR CRISTINA ARANDA CHATGPT
✘ Enero no castiga, reajusta

La cuesta de enero no significa que lo hayas hecho mal. Significa que tu rutina, tu energía y tu economía están volviendo al equilibrio después de un periodo intenso.

Diciembre es un pico. Enero es el reajuste.

Y como pasa tantas veces en el laboratorio, cuando entiendes el proceso, el miedo baja. Porque ya no es caos: es un sistema que se está estabilizando. Un sistema que necesita tiempo, observación y pequeños ajustes para volver a funcionar.

Enero es el mes en el que el bolsillo está más sensible, sí. Pero también es el mes de los pequeños comienzos. De las primeras decisiones conscientes, de las intenciones que se colocan con calma, de las metas que todavía no hacen ruido pero empiezan a tomar forma.

No hace falta hacerlo todo perfecto. No hace falta arreglarlo todo de golpe.

Basta con ajustar un poco… pero con cabeza.

Porque cuando entiendes cómo funciona el sistema (tu cuerpo, tu mente y tu economía), enero deja de ser una cuesta imposible y se convierte en lo que realmente es: un mes de transición, de aprendizaje y de oportunidad.

Y desde ahí, paso a paso, todo vuelve a encajar